Es al pisar las luminosas tierras de Creta donde la historia vuelve a la vida.
La de Ariadna, hija del rey Minos, guardiana del secreto de un laberinto mítico.
Cuando Teseo, joven héroe ateniense, se adentra en él para enfrentarse al Minotauro, Ariadna le ofrece un simple hilo —un gesto de amor, pero sobre todo de inteligencia.
Este hilo, desenrollado en la oscuridad, se convierte en símbolo de clarividencia, libertad y transmisión.
Este mito fundacional inspira profundamente el hilo de Ariadna.
¿Y si, aún hoy, un simple hilo pudiera guiarnos hacia lo esencial?